Con el tiempo me fui permitiendo sentir. Sentí la devastación en el cuerpo. Los efectos duraderos de acontecimientos inevitables como la muerte y el abandono. Me permití sentir ese dolor emocional que se arraiga en los huesos, las vísceras y el tracto respiratorio. Me sentí sumamente frágil, como ala rota de pájaro joven volando contra el viento. Poder sentir ese dolor y encontrarlo lógico a mi biografía ha sido una piedra de toque.  

Quizá me puse muletas como una ayuda simbólica (ya sé que ese dolor no me hunde ni me aniquila, pero aun así, sentí la necesidad de un soporte). Esa tarde había quedado de verme con mis amigxs, celebrábamos un cumpleaños. Como el resto de las personas amables, me preguntaron qué me pasó; entendieron mi respuesta como otra acción ilógica de su amiga performer y me ayudaron con mi mochila, con el agua, con la rebanada de pastel, con la subida al taxi: como buenxs amigxs y buenxs actorxs que son.

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Riesgos y beneficios

Las personas amables