Desde hace tiempo me pregunto acerca del autocuidado. Pienso que no aprendí bien a autocuidarme. Tal vez aprendí lo contrario, el descuido de sí. Una vez pensé que me gustaría cuidarme a mí como yo cuidaría a una hija pero llevarlo a cabo no me sale (pues no soy mi propia hija).  

 

Últimamente he pensado que la dificultad que tengo para tratarme con amabilidad, con ternura, con calidez y calma se arraiga en una infancia muy temprana. He requerido hacer las paces con esa infancia y no ha sido fácil. No ha sido fácil reconocer en mí ciertas resonancias de ese pasado.  

 

Después de recorrer todo este proyecto arribo a la misma idea: todo de alguna forma comenzó en aquél entonces. Entender aquellos acontecimientos y sus efectos hoy ha sido buena parte del trabajo que requerí hacer para vincularme mejor conmigo misma y con otrxs.  Definitivamente, la orfandad a los 9 meses y el rasgamiento de una familia ha marcado el modo en que cuido a mí misma.

Tuve un sueño hace tiempo, que me despertó con una sentido de ligereza en el pecho. No recuerdo el sueño pero recuerdo despertar con la siguiente idea: con todo y su partida, mi madre cuidó mi vida 9 meses, al menos lo  mínimo indispensable para que yo siguiera viva; de eso soy prueba hoy; por ello albergo agradecimiento.

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Riesgos y beneficios

La última vez